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¡2014 y más allá!

Estamos en el final de una época y principio de otra en los mundos de la educación y el aprendizaje.

En diez años más la educación escolar y las políticas educativas cambiarán de manera significativa. Las competencias seguirán recorriendo los currículos de todos los sistemas educativos, como la solución pedagógica a un tema de antaño de la psicología del aprendizaje.

Tres áreas del conocimiento provocarán enormes cambios en los planes y programas de estudio y políticas educativas desde el nivel inicial hasta el superior, a saber:

1. Neurociencia y áreas afines

2. Tecnologías aplicadas y relacionadas

3. Ambientes de aprendizaje

1. Neurociencia. La principal lección de tres décadas de investigación es que el cerebro es modificable. ¡El cerebro aprende de todo tipo de fuentes internas y externas! Tanto experiencias ricas como pobres de aprendizaje modifican la morfología del cerebro, y el cerebro crece o decrece en conexiones y patrones (neutro-plasticiadad); y en creación de nuevas células (neuro-génesis).

2. Tecnologías aplicadas. Hemos sido testigos de un cambio radical y acelerado en las tecnologías de información y comunicación (TIC) y tecnologías afines, donde destacan por ejemplo las tecnologías de diseño e impresión digital como la impresión aditiva o 3D. En la prehistoria de las TIC nos impresionó la aparición del Fax. ¡¿Cómo?! ¿Enviar una carta o un documento por teléfono? Y luego nos impresionó el correo electrónico. Ahora, vemos el crecimiento de un nuevo “fax tridimensional”. “Enviar objetos vía electrónica”. Y hasta “comida".

3. Ambientes de aprendizaje. De todo aprende el cerebro, pero si queremos un aprendizaje teleológico para una vida sana, íntegra y sabia, no cualquier ambiente es recomendable. Es preciso hacer alguna ingeniería.

Estos tres temas ocuparán la agenda educativa y de aprendizaje de escuelas, empresas y comunidades de expertos e interesados.

Otro mundo será el de la política educativa per se, que más que seguir los pasos de la ciencia sigue los de la política. Y eso, mis queridos lectores, es desafortunado.

Eduardo Andere M.

NYU 2014